Selva del Perú

En el Perú, la Selva y el Oriente son denominaciones locales de la Amazonia, la gran selva tropical de América del Sur.

La Amazonia peruana ocupa más de la mitad del territorio nacional, tiene 31 ecosistemas, casi 15.000 especies de animales y más de 60 etnias indígenas.

La región más extensa y biodiversa del Perú es la Amazonia, que abarca el 60 por ciento del territorio nacional con 782.880 kilómetros cuadrados. Incluye los departamentos de Amazonas, Loreto, Madre de Dios, San Martín y Ucayali, y acoge a una población de alrededor de 3 millones de habitantes. En la zona se desarrollan actividades económicas que contribuyen a la riqueza del país, y es única porque concentra la mayor biodiversidad: 31 ecosistemas y 14.712 especies de animales, y acoge a una pluralidad de culturas ancestrales con más de 60 etnias.

La Amazonia peruana aporta el 5,2 por ciento del producto nacional a la economía del país (más de 7.000 millones de dólares). Si bien en esta región se realizan actividades económicas como la extracción de petróleo, gas y minerales, también encontramos otras de gran importancia como la agricultura, la ganadería, la caza, la silvicultura, el comercio de bienes y servicios y el aprovechamiento sostenible de Áreas Naturales Protegidas por el Estado peruano (ANP).

La región posibilita otras actividades económicas de alto impacto, como la recolección de productos no maderables, que incluye a los colorantes y extractos naturales empleados en la industria alimentaria, como el achiote –el Perú es el tercer proveedor de esta especia en el mundo–. El país espera, a través de su amplia oferta de colorantes naturales como el carmín de cochinilla (produce el 90 por ciento a nivel global), posicionarse como líder mundial en este mercado que mueve aproximadamente 2.900 millones de dólares anuales.

Por otro lado, en el departamento de Madre de Dios se concentra la mayor cantidad de bosques de castaña (nuez de Brasil) del país. Su cultivo ofrece un beneficio muy particular debido a que, por su naturaleza, el castaño no puede vivir solo: necesita asociarse con árboles no maderables para sobrevivir y producir frutos. Por ello, este esquema de producción obliga a asumir su plantación como si se tratara de un bosque, y no de un simple terreno cultivable; así se produce un impacto positivo en el ecosistema y el turismo.

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